“ MINGO “
(recitado)
Escucho por las calles del
viejo pueblo mío
La música de un fueye que
me hace memorar,
Y vuelan los recuerdos de
antaño, mis amigos
Que en noches de verbena
supimos disfrutar.
Se agolpan en mi mente, mil
cosas del pasado
Cuando era un gorrioncillo
con ansias de volar,
Recuerdo tus ochavas, tus
calles polvorientas
Un cofre de esos tiempos,
que no quiero cerrar.
Pero otros horizontes
buscaron mis retinas
Y en pos de una quimera, un
día mi vuelo alcé,
Y recalé en un puerto con miles de ilusiones
Y en otros pentagramas, mi
espíritu volqué.
El gran Tito Ribero, más
tarde Zabalita,
Orquestas del recuerdo del
“Chantecler” bacán,
Y aquellas “manos brujas”
del gran Rodolfo Biagi
Canaro y de Donato, aquel
del “Huracán”.
Y siempre recordaba mi
novia del pasado
Aquella que no pude jamás
nunca olvidar,
En noches nostalgiosas con
lágrimas en los ojos
Sólo “Seamos amigos”, me
hacía sollozar.
“Lucienne” así nacía, con
versos de un amigo
Y muchas melodías al fueye
le arranqué,
Y así, como soñando, volvía
hasta mi pueblo
Lugar donde por siempre, mi
corazón dejé.
Pero, en mí ya se agitaba
un ave migratoria
Volando por América junto a
mi bandoneón,
Y preso de otros ojos de
una niña limeña
Perú me abrió sus puertas y
me dio su corazón.
El Tango era mi vida, la
esencia de mis días,
Un concierto de noches
hasta el amanecer,
Ansiaba en esos cielos las
destellantes estrellas
Buscaba en mi galaxia la
dicha y el poder.
Y hallé en cada lucero los
ojos de mi madre,
La “mama” cariñosa que se
me fue recién,
Y recordaba al “viejo” con
su infaltable pipa
Diciéndome entre dientes,
que me portara bien.
Y añorando mi infancia, la
gran mesa tendida
Debajo de la glicina y
aromas de malvón,
Qué lejos que se fueron las
horas del pasado
Como esa canzoneta que el
“viejo” nos cantó.
Llegaron los inviernos con
nieves incipientes,
La rosa de los tiempos no
volvió a florecer,
Llegando hasta el recuerdo
mis ojos lagrimean
Buscando en cada rostro los
ecos de ese ayer.
Y observo la casona,
refugio de mi infancia,
Percibo la sonrisa, feliz
del tiempo aquel,
Se impregnan mis mejillas
de lágrimas furtivas
Que mojan los recuerdos que
yacen en mi piel.
Y anduve mil caminos, del
brazo de mi fueye
Y hoy regreso a las calles
y el viejo paredón,
Hondeando a los gorriones,
jugando a la pelota,
Dejando en cada barrio...
un tango rezongón.
Quién sabe cuántas veces,
volveré para verlos,
A este montón de amigos y
el calor del hogar,
Por eso yo quisiera morirme
en estas calles
Donde viví las horas de dicha
familiar.
Letra :
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