A veces repaso,
mis horas aquellas
Cuando era
estudiante y tú eras la amada,
Que con tus
sonrisas repartías estrellas
A todos los
mozos de aquella barriada.
¡Ah!, Las noches
tibias... ¡Ah!, La fantasía
De nuestra
veintena de abriles felices,
Cuando solamente
tu risa se oía
Y yo no tenía
mis cabellos grises...
Íbamos del brazo
Y tú suspirabas,
Porque muy
cerquita
Te decía: “Mi
bien...
ves como la luna
se enreda en los
pinos,
y su luz de plata
te besa en la
sien”
Al raro conjuro
De noche y
reseda,
Temblaban las
hojas
Del parque,
también;
Y tú me pedías
Que te recitara,
Esa “Sonatina”
Que soñó Rubén:
Recitado:
“¡La princesa
está triste! ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros
escapan de su boca de fresa,
Que ha perdido
la risa, que ha perdido el color...
La princesa está
pálida en su silla de oro,
Está mudo el
teclado de su clave sonoro,
Y en un vaso,
olvidada, se desmaya una flor”.
Qué duendes
lograron, lo que ya no existe,
Qué mano huesuda
fue hilando mis males,
Y qué pena
altiva, hoy me ha hecho tan triste
Triste como el
eco de las catedrales...
¡Ah!, ya sé...
ya sé... es la novia ausente
Aquella que
cuando estudiante, me amaba...
Que al morir, un
beso le dejé en la frente
Porque estaba
fría... porque me dejaba...
Letra : Enrique Cadícamo (Domingo
Enrique Cadícamo)
Música : Guillermo Desiderio Barbieri
Grabado
por Roberto Goyeneche con el acompañamiento de la orquesta de Armando Pontier.
A
“Letras” A
“Autor” Menú Principal