Siempre la veo, pasar
deprisa
Todos los días la encuentro
igual,
Dando el alivio de su
sonrisa
A los enfermos del
hospital.
La enfermerita, sumisa y
buena,
Piadosa, humilde,
sentimental,
Que llega al lecho del que
agoniza
Buscando alivio para su
mal.
Tras del dolor, corriendo
va
La que nació con ese don,
Alivio aquí, consuelo allá
A todos da, su corazón.
No tiene un gesto de
maldad,
Es todo amor y abnegación,
Y cuando un ser, con Dios
se va
Pidiendo está, resignación.
A veces pienso con honda
pena
Si un desengaño de amor,
quizá,
Le dio la suerte de ser tan
buena
Con la desdicha de los
demás.
Con qué dinero, pagar se
puede
Su honroso gesto de
gratitud,
Si entre lo mustio de esas
paredes
Nos va dejando su juventud.
Cuánto me amarga la
indiferencia
Con que se suele premiar
tan mal,
Si digno elogio se hace a
la ciencia
Ella merece su elogio
igual.
Porque si a veces, su vida
pierde
Por el contagio de un grave
mal,
No hay una placa que la
recuerde
A la enfermera del hospital.
Letra y
música : Miguel Manacorda y Aurelio Rodríguez
Grabado por Héctor Mauré con el
acompañamiento de la orquesta de Jorge Dragone.