EMBRUJO
(1931)
Daba gloria ver sus ojos cristalinosBajo el arco de unas cejas sin igual,Esos ojos tan extraños, tan felinosMe alentaban todo el vértigo sensual.Daba gloria ver sus labios encarnadosSimulando un palpitante corazón,Mas, sus labios y sus ojos endiabladosSólo amaban la banal ostentación. Las joyas poblaban su imaginaciónDe mágicos sueños que eran su obsesión,Su hermosa garganta, ansiaba ostentarLas perlas más caras de un fino collar.Mi escaso dinero, no pudo vencerLa loca codicia de aquella mujer,Y al ver mi pobreza, burlando mi amorMe hundió en su desprecio, con hondo rencor. Mas, no pude conjurar aquel embrujoQue la ingrata con su falso amor causó,Y anhelante, de sus besos al influjoSu perdón mi corazón le suplico.Pero, al ver que su codicia fuera tantaQue ni al grito de mi angustia respondió,Locamente, fui forjando en su gargantaCon mis manos, el collar que tanto amó. Mis dedos crispados rodearon aquelSu cuello esculpido por sabio cincel,Sus ojos felinos, de brillo sensualSe fueron cubriendo de un velo mortal.Mas yo, enceguecido, tan sólo apretarAnsiaba, gritando: ¡He aquí tu collar!Y tras su postrero, terrible estertorDejé entre sus labios un beso de amor.
Letra : José Osvaldo Sosa Cordero
Música : Francisco Oréfice y Gregor
Kalikian