(vals)
En la
mañana gris
Huyendo
va
El
Capitán.
La
montonera lo persigue, cruel,
Mas su
alazán
Lo ha de
llevar
Hasta la
puerta de la amada fiel,
Que una
eterna pasión le juró
Al partir
para la guerra.
Cayendo
estaba el sol
Cuando
llegó
El
Capitán,
Herido y
pálido al hogar aquel,
Donde
dejó
Su fiel
amor.
Un beso
ardiente de la amada fue
Grato
bálsamo de su dolor,
Y al
encontrarse a salvo, dio gracias al cielo
Con
inmensa fe.
Mas la
noche traidora llegó
Y con
ella el peligro mortal,
La
patrulla que lo persiguió
Con sus
huellas por fin logró dar.
Mientras
dormía el galán
Se
consumó la cruel traición,
Pues la
infame mujer, sin piedad
Al
esbirro, su amado vendió.
En la
mañana gris
El cuadro
ya
Formado
está.
Al pie de
un muro se halla el infeliz
Que se
confió
En el
amor.
Llorando
exclama, lleno de dolor:
“No es la
muerte, sino tu traición
Lo que
atormenta mi pecho.
En tu
alma puse yo
Mi amor,
mi fe,
Mi
corazón.
¿De qué
me sirve ya la vida a mí
sin la
ilusión
de tu
querer?
¡Que para
siempre caiga sobre ti,
con mi
sangre, fatal maldición!”
Y un
trueno de fusiles que estalló
De pronto
Su voz se
apagó.
Letra : Manuel Romero
Música : Enrique Delfino (Enrique Pedro Delfino
- Delfy)
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