PREGUNTO

 

 

 

De niño preguntaba sin respuestas

Hoy hombre sin respuestas sigo aun...

 

¡Pregunto quién fuiste!

¡Pregunto qué hiciste!

Tu nombre es la gloria,

El  pueblo, tu historia,

El tango, tu voz.

Tu verso fue daga

Que a todos llegaba,

Verdades cantabas,

Orgullos golpeabas

Matando al falaz.

 

Tal vez fue por eso

Que no hubo regreso,

Por eso mi beso

Nunca pudo ser.

Lloraste... gritaste...

Rogaste aquel beso,

Y en vez de ese beso...

Un golpe en la nuez.

Y en este mi canto

De triste alegría,

¡Tu vida y la mía

la mano se dan!

 

De niño preguntaba sin respuestas

Respuestas que tal vez nunca tendré...

 

Letra y música : Enrique Luis Discépolo

 

Grabado por Tita Merello con el acompañamiento de la orquesta de Carlos Figari. (15-10-1969)

 

 

(colaboración enviada (letra y grabación) desde Santo Tomé (S. Fe), por el amigo Carlos Isidro Giménez. 06-2014)

 

 

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Nota:

En este link podrán leer una breve historia de Enrique Luis Discépolo:

 

http://www.pronto.com.ar/articulo/espectaculos/el-hijo-mexicano-de-discpolo-lucha-por-su-identidad/20120410160338062154.html

 

Ahora veo que esto es una dirección, no un link, agrego más abajo lo que en él figura:

 

 

(En la foto, Emilio del Guercio, el ex Almendra, junto a Enrique Luis, a quien entrevistó en la Ciudad de México)

La primera vez que lo vi a Enrique Luis Discépolo fue en una feria de San Telmo. En un pequeño puesto vendía unas piedras energéticas que, según me explicó, se eligen según la problemática que uno plantea y sirven para equilibrar el cuerpo y el alma. Lo primero que pensé fue cuáles estaría usando él para soportar la desolación a la que una y otra vez lo enfrentaba el destino.

 

Por ese entonces, hacía menos de un año que la Corte Suprema de Justicia –en septiembre de 2004- había rechazado un recurso extraordinario y dejado firme la sentencia de Cámara que le negaba la autorización para cotejar su ADN con los restos de quien todo indica sería su padre, Enrique Santos Discépolo. Los fundamentos de la Cámara fue que se trataba de “cosa juzgada”, por el juicio que él y su madre, Raquel Díaz de León, habían llevado adelante en los años 60 con resultado adverso. Los jueces no tuvieron en cuenta que las pruebas de ADN no existía en aquellos tiempos -como si lo hizo la magistrada de primera instancia, Lily Flah,  quien ordenó que a Enrique Luis le tomaran muestras de sangre en el Hospital Durán-, y a pedido de los herederos dejaron trunco el procedimiento. Si bien el fallo de la Corte no opinaba sobre el fondo de la cuestión sino sobre la validez del recurso extraordinario, su rechazó terminó por derrumbar al hombre flaco que yo tenía en frente, alguien que para su país, México, era el hijo de Enrique Santos Discépolo y aquí, en la patria del tango, era un  paria destinado a no poder confirmar sus orígenes.

 

-Discépolo, te buscan-, le grito uno de los puesteros y yo creí estar viendo una escena de los años 30.

-¿Cerolini? –me pregunto solemne, cantando la palabra de una manera que sólo pueden hacerlo los aztecas y me apretó la mano.

 

Le conté que había leído Uno, el libro que su madre había publicado con editorial Corregidor en 1999 contando la historia de su amor (el prólogo es nada menos que de Enrique Cadícamo), y que desde entonces comencé entender de otra manera la depresión que terminó con la vida Discépolo el 23 de diciembre de 1951. La versión de que el rechazo de la clase media por haber hecho Mordisquito, apoyando la reelección de Perón, siempre me pareció un mito urbano.  Porque si bien los 41 micros satíricos que realizó en radio el autor de Cambalache en la segunda mitad del año 51 habían tenido un enorme impacto en la población -y seguramente llevó a que le quitarán más de un saludo y le hicieran algún desplante-, no alcanzan a explicar un pozo meláncolico que lo llevó pesar menos de 40 kilos. El 11 de noviembre de ese año Perón fue reelegido por 62,49 % de los votos y por más sensible que fuera a los sentimientos de los opositores, dificilmente sintiera una culpa demoledora por haber contribuído a ello. Algo que si podía suceder si en su interior sentía que había abandonado a un hijo, como me confirmó el médico psicoanalista e investigador del tango Jorge Dimov .

 

Discépolo y Raquel Díaz de León

 

Pese a que nos entendimos desde un primer momento y que respondía todas mis preguntas, Enrique Luis prefirió que la charla y las que le siguieron no se convirtieran en una nota.

 

-Ahorita no tiene sentido. Yo quería resolver esto de una vez porque Doña Raquel ya es una mujer muy grande. Y no sé si tiene sentido hacer un nuevo intento-, me comento desesperanzado-. Estoy por volver a México, sabes. Más adelante, cuando tenga las cosas más claras la hacemos.

Antes de volver a su país, Enrique me pidió favor: encontrarle un hogar a su gata Tatalina. Desde entonces el animal vive con Claudio, nuestro director de arte,  su mujer, y otros veinte congéneres.

 

VERAS QUE TODO ES MENTIRA

La historia de Enrique Luis Discepólo siguió rondándome la cabeza. Su trama no estaba basada en un hecho aislado sino que existían decenas de indicios que apuntaban en un mismo sentido.

 

Enrique Santos Discépolo conoció a Raquel Díaz de León -una incipiente actriz de 18 años que acababa de ganar el concurso “Los ojos más bellos del cine mexicano”-, en 1944, durante una gira que realizó por el país azteca y Centroamérica junto a Tania e integrantes de Sadaic entre los que estaba Homero Manzi.  El creador de Yira yira quedó deslumbrado con la muchacha y comenzaron  una relación que continuó por carta.  Se reencuentran en 1946 cuando él  vuelve al Distrito Federal para trabajar con Cantiflas y Arturo de Córdova. Durante ese tiempo ambos comparten salidas con la pareja de argentinos más famosa que trabaja allí: Tita Merello y Luis Sandrini. La pareja se afianza, se van a vivir juntos y Raquel queda embarazada.

 

Tania, con quien Discépolo vivió una relación tortuosa –sus infidelidades eran un secreto a voces por aquellos años-, no tomó en serio el romance, pero al saber del embarazo temió perder al hombre que la convirtió en estrella. Entonces viajó a México y parada frente a un balcón lo amenazó: “Te volvés conmigo o me tiro”.

El poeta accedió y dejó a Raquel embarazada de seis meses. Enrique Luis nació el 21 de abril de 1947 y fue reconocido como Discépolo en México por el testimonio de Tita Merello y Luis Sandrini, quienes fueron padrinos de bautismo del chico. A espaldas de Tania, Discépolo le envía cartas a Raquel desde Sadaic y le hace giros de dinero para ella y su hijo, a quien sueña conocer como testimonia en cartas.  Después el contacto se corta. En 1a navidad de 1950, en un brindis en SADAIC, un Discépolo golpeado le dice a Luis Luciano, el sobrino de Tania: “Yo aquí festejando, y el chico allá solo”. 

 

Todo pareció que iba a aclararse en 1966, cuando Raquel y su hijo viajan a la Argentina para iniciar el juicio de filiación y son recibidos por el ambiente del tango, en una mesa que preside Aníbal Troilo. Su abogado defensor es David Blejer, quien conoció la historia siendo embajador de Frondizi en México y le dice a doña Raquel que si pierde juicio deja la profesión. Pero pese a las numerosas  pruebas y el testimonio de Tita Merello, la justicia falla a favor de Tania quien hizo valer un testamento que Discépolo escribe un  año antes de morir a su pedido. La pareja nunca había contraído matrimonio, ya que Ana Luciano –tal el verdadero nombre de la cantante- había llegado casada desde España y entonces no existía el divorcio.

 

OTRA VEZ LA ESPERANZA

A mediados del 2011, con el músico y documentalista Emilio Del Guercio (su programa cómo hice cuenta la historia de las canciones emblemáticas de la Argentina por el canal Encuentro) comenzamos a pensar en la posibilidad de viajar a México para entrevistar a Enrique y Raquel en el Distrito Federal y recorrer los sitios donde había transcurrido la historia de amor de amor que aquí contamos. A mediados del 2011, con el músico y documentalista Emilio Del Guercio (su programa cómo hice cuenta la historia de las canciones emblemáticas de la Argentina por el canal Encuentro) comenzamos a pensar en la posibilidad de viajar a México para entrevistar a Enrique y Raquel en el Distrito Federal y recorrer los sitios donde había transcurrido la historia de amor de amor que aquí contamos. Se lo comentamos a Enrique y este empezó a entusiasmarse.

 

Finalmente, el entonces director de Telam, Martín García, creyó que el casó tenía un verdadero atráctivo histórico, nacional y latinoamericano, y sumo un equipo de la agencia para documentarlo. El viaje finalmente se realizó a fines de noviembre y algunas de sus resultados pueden verse en estas páginas. Un caso como el de Enrique Luis Discépolo puede presentarse ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de Costa Rica. Así se lo hice saber a Enrique, que vio una nueva luz al final del camino. Entonces su esperanza estaba por darse una nueva oportunidad.

 

Paralelamente yo me reuní en Buenos Airfes con Adolfo Pérez Esquivel, nuestro premio Nóbel de la Paz, me confirmó lo que yo pensaba. Un caso como el de Enrique Luis Discépolo puede presentarse ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de Costa Rica. Así se lo hice saber a Enrique, quien ahora volvía a ver una lucecita en medio de la noche más oscura.

 

Hoy, a poco de cumplir 65 años Enrique Luis Discépolo,  hace las últimas consultas legales con un importante jurista argentino para volver a pedir en nuestro país un juicio de filiciación o, en caso de su rechazo, presentar su caso en Washington para ser tratado en el Tribunal de Derechos Humanos de Costa Rica. Pese  que en 2012 vencen los 70 años durante los cuales la obra de su padre paga derechos de autor, quiere que la Argentina lo reconozca de una vez por todas como hijo de Enrique Santos Discépolo.

 

Por Fernando Cerolini