PESADILLA

 

 

Me cegó la fiebre, Señor, de los celos

Que anuló mi mente con torpe obsesión,

Y miré en los ojos, que fueran mi cielo

Mil demonios rojos de gesto burlón.

Señor Juez: no pude frenar mi impulso

Busqué su garganta con ansia brutal,

Y así sordo y ciego, temblándome el pulso

Con extraño gozo le hundí mi puñal.

 

Terminó el relato y el Juez, inmutable

Con palabra lerda mi suerte leyó,

“Reclusión perpetua para el miserable

que a la tierna madre de su hijo, mató”.

Y vi muy cercana la celda sombría

De grises paredes, recibiéndome,

Y oí de los presos, la cruel gritería:

“¡Cobarde!, ¡Canalla!, Mató a una mujer”.

 

Más tarde, Ushuaia, la tierra maldita

Y días y noches oyéndote a ti,

Qué grito espantoso, de angustia infinita

Clamando primero y ahogándose al fin.

Y oyendo a nuestro hijo, con trémulo acento

Perdido entre extraños, llamando a los dos,

Y el espectro horrible del remordimiento

Y la tumba en vida y el juicio de Dios.

 

Atroz pesadilla de noche embrujada,

Dantesca tortura, suplicio infernal,

Desperté y ansiosa, mi mano en la almohada

Halló tu cabeza, de esposa leal.

Dormías tranquila, dormías sonriente,

Ajena a la angustia de mi corazón,

Y en un gran suspiro, besando tu frente

Con un beso casto murmuré: ¡Perdón...!

 

Letra : Armando Tagini  (Armando José María Tagini)

Música : Luis Brighenti

 

 

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