Es triste mirar la dicha truncaPorque ella se va y no vuelve nunca,Linda santita, quien diríaQue ayer fue tu alma, sólo mía. Hoy te contemplo en ese ambiente,Borracha totalmenteDe coca y de champán.Sé que rodaste al influjoDiabólico del lujoQue encegueció tu afán. No he de herirte jamás, aunque te veoCon la trágica mueca de tu risa,Porque noto, mujer, que se deslizaUn hálito de muerte en tu redor.Ayer fuiste un ejemplo de bonanzaLa más casta y amable vecinita,En tu hogar te llamaban “la santita”Y el barrio daba mérito a tu honor. Hoy en cambio no sos nadaDe lo que en un tiempo fuiste,Todo, mujer, lo perdisteTu lucidez se apagó. Pero jamás te maldigoAl contemplar tu desgracia...Sólo condeno la audaciaDel hombre que te ultrajó.
Letra : Francisco
Brancatti
Música : Enrique
Maciel
Grabado
por Agustín Magaldi con guitarras. (sello RCA entre 1924 – 1928)